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Agarró una silla por el respaldo y la arrastró unos cuantos metros por la casa,como se lo había visto hacer años atrás a Charlie Rivel.
Despues optó por subirse a ella y con la mano en alto
gritó.
Pero esto tampoco le divertía; así que se puso delante del espejo,
y se colocó a horcajadas,
como si fuese a follar con él.
Cuando empezó a notar que le bajaba la tensión y se tornaba pálida,
sentó en la silla a todas y cada una de las personas a las que les había quedado algo por decir y empezó un juicio sin piedad.
Pero se hizo de noche.
Entonces le dió la vuelta,cogió su globo rojo, lo ató a una pata y se metió debajo.
La utilizó de trinchera, para disparar desde allí a todo aquel que la molestara,
mientras leía.
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